Una buena lista de la compra no es una lista. Es un mapa. Bien hecha, eliminas decisiones impulsivas, recorres el súper en un solo sentido y sales con exactamente lo que necesitas.
Escribir la lista por orden de ocurrencia: «tomates, leche, pollo, manzanas, queso, brócoli, pan, yogur…». El resultado es que zigzagueas por el súper, te encuentras tres veces las galletas y acabas con dos cosas que no necesitabas.
Casi todos los súpers tienen la misma estructura: frutas y verduras a la entrada, lácteos al fondo, congelados al final. Agrupa tu lista en esas mismas zonas.
Una despensa bien surtida evita el 80% de las emergencias de cena. Estos son los míos:
El mercado de barrio es imbatible en frescos y suele costar lo mismo o menos por kilo si compras de temporada. El súper gana en despensa y congelados. La mejor estrategia combinada: frescos en el mercado los sábados, despensa en el súper una vez al mes.
Comprar bien es la mitad de comer bien.
Haz fotos al interior de tu nevera, despensa y congelador antes de salir. Cuando dudes en el pasillo, abres la foto y decides.